
En la vida que sueño existen todos los colores que ahora sólo se dejan adivinar tras un filtro denso.
A veces tengo miedo y pienso que jamás los llegaré a ver, pero intento alejar ese pensamiento de mi mente. En el horizonte, la ciudad Esmeralda parecía un destino inalcanzable y sin embargo, poco a poco su silueta se fue haciendo más precisa hasta ser algo tangible. Una puerta a la que llamar tras una larga travesía.
Eso es lo que nos van a traer las semanas que nos quedan por delante. La precisión exacta de toda esa vida que ahora, por pura impaciencia, se nos ve borrosa.
Precisa, concisa, genial como siempre.
ResponEliminaUn abrazo